2002 - La dimensión política de la Evaluación de la calidad educativa en América Latina
IIPE - UNESCO Buenos Aires Ministerio de Educación de la República de Chile
Santiago de Chile, 16 - 17 de diciembre de 2002
La década de los años 90, ha encontrado a Latinoamérica en un proceso de
transformación de sus sistemas educativos. Dichos procesos incluyeron cambios en
las formas de gobierno y gestión, en los diseños curriculares, en la estructura,
en las políticas compensatorias, en los mecanismos de financiamiento, en los
dispositivos de formación y capacitación de los docentes. En síntesis, las
reformas ya no pretendían solamente modificaciones cuantitativas, de cobertura,
sino que se proponían mejoras en la calidad de los aprendizajes. Y los
dispositivos nacionales de evaluación de la calidad fueron concebidos como el
instrumento que explicitaba esa búsqueda. El mundo de la educación había
decidido contar con instrumentos objetivos que le permitieran evaluarse. Y
dichas evaluaciones pasaban esencialmente por aquellos aprendizajes vinculados a
la Lengua, la matemática y los conocimientos básicos en materia de ciencias
sociales y naturales.
Una década después de la instalación de estos dispositivos, los resultados no
muestran cambios significativos: ni las mejoras ni las caídas parecen
importantes. Estos resultados podrían ser vistos como un dato positivo si lo
consideramos en relación al crecimiento de la matrícula. Desde este punto de
vista, podríamos afirmar que los sistemas educativos de la región mantuvieron
sus resultados, aún a pesar de incorporar alumnos de sectores con mayores
dificultades socioculturales. Sin embargo, tampoco aparecen cambios sensibles en
aquellas zonas en las que el aumento de matrícula no fue significativa. En
síntesis, lo cierto es que los resultados de los procesos de evaluación no
parecen registrar cambios a pesar de la dimensión de las transformaciones
encaradas y de la inversión financiera realizada. Esta evidencia abre numerosos
interrogantes: ¿Tenemos claro qué es exactamente lo que estamos midiendo? ¿Es
que las transformaciones realizadas no han impactado sobre los elementos más
significativos en la determinación de los resultados? ¿Es que estamos midiendo
aspectos sobre los que no estamos produciendo cambios? ¿Es que estamos buscando
en el corto y mediano plazo resultados que se verán en el largo? ¿Cuál es el
grado de comparabilidad de las pruebas internacionales? ¿Hemos elegido los
instrumentos apropiados para evaluar las políticas que estamos poniendo en
marcha?
Si bien existe consenso acerca de la importancia de la construcción de
sistemas de evaluación de la calidad educativa en la región, todavía no
terminamos de apreciar qué es lo que nos están diciendo esas informaciones,
cuáles son las conclusiones que podemos extraer de ellas y cómo las
transformamos en insumos para el mejoramiento de la calidad educativa.
La puesta en marcha de los operativos nacionales de evaluación, la
movilización que estos generaron y la comunicación masiva de los resultados
superaron las expectativas previas en términos del impacto de estos dispositivos
institucionales. Hoy ya es posible apreciar que los sistemas de evaluación se
transformaron en el espejo en el que las sociedades "miran" la situación
educativa de sus países. El propio sistema ha legitimado un instrumento que
permite diagnosticar "científicamente" la situación educativa, las políticas de
transformación puestas en marcha y el papel que el Estado está cumpliendo en la
materia. Los resultados de las pruebas se transformaron en el indicador que
permite evaluar las propias políticas que los gobiernos desarrollan en el área
educativa.
La comunicación masiva de los resultados ha permitido que las diferencias
entre escuelas públicas y privadas, entre regiones o entre sectores sociales,
hayan ingresado al debate más amplio de las políticas públicas. Esto hace que
sus consecuencias no tengan implicancia sólo sobre las propias políticas
educativas sino que sean motivo de otro tipo de análisis sociales. Ya no es
posible pensar la problemática de la evaluación exclusivamente desde el punto de
vista de lo técnico-pedagógico, sino que se requiere otro tipo de mirada, mucho
más amplia y compleja.
En primer lugar, el debate acerca de las políticas de evaluación requiere una
mirada política. La definición de los instrumentos, el "qué" evaluar, el modo de
comunicarlo, se han transformado en definiciones que impactan en la discusión
política de las sociedades. En ese sentido decimos que el modo de evaluar las
políticas de evaluación debe contemplar una mirada más amplia y compleja, que
incluya la dimensión del Estado, el poder, la sociedad, la escuela y las ideas
acerca de las relaciones entre estos elementos.
En segundo lugar, es necesario incluir la relación de las políticas de
evaluación con los actores del sistema. Más allá de las intenciones, parece
evidente que los docentes percibieron estos dispositivos más como una presión o
una amenaza que como un insumo para el mejoramiento de las estrategias de
enseñanza y aprendizaje. El sistema educativo no terminó de visualizar estos
instrumentos como una herramienta para el mejoramiento de los aprendizajes de
los alumnos. En ese contexto, la información de los resultados no se transformó
en un insumo para el mejoramiento de las políticas, los datos no se elaboraron
en las escuelas y el impacto sobre las estrategias de enseñanza fue muy
débil.
La comunicación de los resultados ha adquirido gran importancia como tal y
debe ser considerada específicamente. ¿A quién le comunicamos los datos? ¿Qué
datos? ¿Qué efectos esperamos que los mismos tengan sobre nuestros
interlocutores? ¿Cuáles sobre el propio sistema? Estas preguntas aparecen en el
momento en que transformamos a las evaluaciones de la calidad y sus resultados
en un producto de la comunicación masiva, en el momento en que interactúan con
el conjunto de la información transmitida por los medios masivos de
comunicación. El modo de presentar la información, la propia información
presentada, los interlocutores a los que se la presentamos, el hecho de que sea
el propio gobierno y su ministerio de educación quienes la legitimen, obliga a
otro nivel de análisis de la problemática. La comunicación masiva de esos
resultados es uno más de los elementos que han transformado a las políticas de
evaluación en un hecho político además de una construcción técnico-pedagógico.
Han trascendido el debate del propio sistema educativo, ha aceptado códigos y
normas de comunicación que exceden a las del propio sistema.
En tercer lugar, también es preciso proponer una mirada que vincule la
evaluación con los objetivos de las políticas sociales. ¿Evaluamos para mejorar
la eficiencia de la inversión educativa?, ¿Para orientar la demanda? ¿Para
compensar las diferencias sociales? ¿Para comprobar los niveles de segmentación
social? Los resultados de las evaluaciones dependen de las decisiones que
tomemos en relación a "Para qué" evaluamos, y esas decisiones suponen definir el
escenario social para el cual estamos trabajando. Detrás de esta mirada, ha
crecido un debate ideológico y político. El "para qué" evaluamos se ha vuelto
una pregunta central en el análisis, porque define una idea sobre la sociedad
que queremos construir. Modelos que ponen la idea de equidad en el centro del
debate, otros que ponderan el concepto de competitividad, aquellos que se
centran en la idea de eficiencia, por ejemplo, tendrán distintas respuestas a la
hora de pensar las políticas de evaluación.
Todos estos factores explican porqué los resultados de las evaluaciones de
calidad ingresaron al mundo de la política general, ocuparon espacios en los
medios masivos de comunicación, empezaron a generar consecuencias sobre la
imagen general de los gobiernos y se incorporaron a las campañas electorales. La
idea de que la evolución de los resultados permite evaluar la gestión de un
gobierno, los convierte un tema de debate de las campaña. Al mismo tiempo, la
incorporación de algunos países de la región a las pruebas internacionales
produce nuevos efectos, vinculados al tipo de análisis comparativo realizado por
el mundo financiero. El hecho de que los resultados de los países de la región
sean tan bajos comparativamente con los de otras regiones del planeta, afecta
nuestra imagen de competitividad económica y de sustentabilidad política.
El debate acerca de la evaluación de resultados educativos debe ser ampliado,
incorporando además de la dimensión técnica las dimensiones que se refieren a la
comunicación, la política y la participación de los distintos actores.
El seminario Internacional "La dimensión política de la Evaluación de la
calidad educativa en Latinoamérica" pretende un acercamiento a esta dimensiones
proponiendo un análisis integral de la problemática de las políticas de
evaluación en la región. Para ello, el Seminario ha convocado a líderes
políticos y Ministros de Educación de la región, acompañados por comunicadores
sociales y especialistas en evaluación, quienes serán invitados a un diálogo
franco y abierto que permita enfrentar los interrogantes abiertos en esta
convocatoria.
